Mostrar la riqueza patrimonial de la Región de Murcia era algo que llevábamos tiempo deseando hacer. Esta Comunidad se distingue por su buen clima, el carácter afable de sus gentes, su huerta,… pero cómo no destacar su belleza y singularidad arquitectónica. Obras centenarias y vanguardistas; en ocasiones sus perfiles entretejen anecdóticos rincones y plazas que desafían el paso del tiempo con un encanto especial, matizado por la luz mediterránea. Nos sentimos afortunados de comenzar una serie de post dedicados a esos “Edificios para la Historia”, que se publicarán el día 30 de cada mes, en nuestra Sección de Inspiración. Como no podía ser de otra manera, el primer texto lo dedicamos a Yecla, la tierra que vio nacer a MAZA Grupo, y a una de sus construcciones más representativas.

Jalona el horizonte yeclano la carismática bóveda blanquiazul de la Basílica de La Purísima, que con sus colores parece acercar el cielo a las calles de la localidad. No encontrará el visitante otra similar en toda la diócesis de Cartagena, obsequiando al espectador con una singular panorámica de gran encanto. La construcción, de predominio neoclásico, es una joya de la arquitectura del siglo XVIII pero sobre todo es un auténtico símbolo de Yecla. Protagoniza una intensa historia en la que, generación tras generación, los ciudadanos demuestran gran tesón y voluntariedad para lograr su construcción, haciendo frente a un sinfín de adversidades económicas y sociales.

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Fotografía de Enrique Íñiguez Rodríguez (Qoan) CC BY-SA 3.0 en Wikimedia Commons

 El proceso de edificación de la Basílica Arciprestal de la Purísima Concepción de Yecla se inició en 1769. El municipio requería un nuevo lugar de culto debido a la creciente población. Una situación que no era en absoluto nueva porque diversas voces habían advertido de tal circunstancia desde mediados del siglo anterior. En 1772 se concede el permiso eclesiástico para la construcción, con la condición de que la obra debía ser sufragada por la villa. Así comienza la estrecha relación de la localidad con esta bella creación arquitectónica.

La primera piedra se coloca el 22 de octubre de 1775, con piedras traídas del Monte Arabí, en el término municipal, y desde el mismo comienzo de las obras surgen los conflictos. El primero pondría en tela de juicio al arquitecto creador del proyecto, José López, que fue destituido tras varios pleitos que retrasaron la construcción hasta 1780. En esa fecha se prosigue el trabajo con pocas variaciones respecto al plan inicial de López, introducidas por Mateo Bolarín y José Alcami. En apenas un lustro, los problemas de financiación acechan la continuidad de la edificación hasta el punto de suspender su ejecución en 1793. Diez años después se reinician los trabajos, que nuevamente se verían suspendidos por los continuos enfrentamientos bélicos, como la Guerra de la Independencia o Las Guerras Carlistas, y la nefasta gestión económica que condenó a la pobreza a muchas zonas del país, también sacudidas por epidemias mortíferas como el cólera.

El arquitecto Jerónimo Ros asumió la dirección de la obra en 1859, confiriendo un diseño neoclásico a algunos de los elementos más destacables, como la cúpula. En 1868 se consagra finalmente la Basílica aunque su interior quedaría destruido tras pocas décadas, en la Guerra Civil Española. Lejos de achantarse, los yeclanos trabajan de forma voluntaria en la reconstrucción, aportando su tiempo y conocimientos, hasta que en 1954 ya se muestra con el esplendor que la caracteriza.

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Fotografías de Enrique Íñiguez Rodríguez (Qoan) CC BY-SA 3.0 en Wikimedia Commons

El edificio

Está concebido como un ambicioso proyecto. Se levanta sobre una planta de tres naves en forma de cruz latina, separadas por arcos de medio punto y una girola en el presbiterio, donde confluyen las naves laterales. Impresiona la longitud de la nave central, de 50 metros  y la crucera, de 40 metros, siendo la primera más elevada que las anexas. En estas encontramos una serie de capillas dispuestas en los contrafuertes.

Gruesos pilares de sección cruciforme sustentan las cubiertas de la basílica y en la nave central son destacables las pilastras corintias emplazadas sobre altos pedestales. Están rematadas con capiteles de dos filas de hojas de acanto y dos pequeñas volutas. Sobre el crucero, se sitúa la característica cúpula semiesférica peraltada y en el ángulo noroeste se emplaza un pequeño campanario, dividido en tres cuerpos. El inferior, sobrio, sin aberturas, el central de estilo neorrománico y el superior que alberga las campanas.

La girola es una de las partes más destacables de la construcción con un atractivo diseño de bóvedas y portadas con gran ornamentación. Dispone de cuatro cuerpos cubiertos con bóveda de arista y otros cuatro de menor tamaño con bóveda de medio cañón. Alberga cuatro capillas, la del Carmen, la de la Antesacristía, la de las Virtudes o de las Angustias, y la de la Comunión, la más grande del templo.

Accedemos al templo por la fachada principal y a través de sendas puertas en los laterales. Junto a su belleza arquitectónica, el interior nos deleita con impresionantes pinturas de las bóvedas de la nave central, el crucero y el ábside, obra de Manuel Muñoz Barberán, entre 1953 y 1956, y las de la cúpula, de Rafael Roses de Rivadavia. Las acompañan numerosas vidrieras en el crucero y las naves, además de una importante representación pictórica y escultórica. Entre las obras artísticas, destacan las de Francisco Salzillo, si bien el grueso de estas data del siglo XX.

Debido a tantas vicisitudes, algunas partes del templo se han quedado sin rematar. Es el caso de los capiteles en las pilastras que se sitúan en la fachada principal, donde originariamente se iban a colocar unas exedras para acceder al recinto. Lo mismo sucede con otros capiteles en el interior de la basílica y en la fachada norte.

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Fotografías de José Casielles CC BY-ND en www.flickr.com

La cúpula

Obra de Jerónimo Ros, a partir del diseño de José López. La cúpula definitiva es más reducida que la original y se inspira en la del Jardín Botánico del Bosque de Bolonia en París. Está revestida con teja vidriada en bandas helicoidales de colores blanco y azul. Su brillo y sus colores le confieren una personalidad propia y sin igual en toda la Diócesis de Cartagena.

Se puede encontrar más información en la página de la Basílica https://basilicadelapurisima.com/basilica/ y el siguiente vídeo elaborado para Región de Murcia Digital detalla la interesante historia del templo.

 

 

A tener en cuenta

  • Uso: De culto
  • Acceso: Libre
  • Ubicación: C/ España. 30510 – Yecla
  • Nos gusta: Su cúpula confiere un aspecto muy característico a la localidad

 
En el siguiente post de la serie visitamos La Casa Cerdá de Murcia.

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